Leonardo mató al diablo con sus propias manos. La decisión de hacerlo no fue súbita. Durante varios meses unas voces le susurraban que ya el 2012 había llegado, que el fin del mundo estaba aquí.
Tenía que matar al diablo. Si no lo hacía, el diablo vendría por él.Esperaba encontrarlo en su cuarto, despierto, cara a cara. Ahí le explicaría las razones por las que estaba empuñando el cuchillo que acababa de afilar, los argumentos de por qué debía acabar con su vida.
No hizo falta, encontró al diablo dormido. Ya no había nada qué explicar y no lo pensó dos veces. Con el corazón a mil por hora y aterrado le clavó el cuchillo en la garganta, también en la muñeca. Su abuela rezaba el rosario en la sala.
Cuando la policía llegó, Leonardo se estaba lavando la sangre de sus manos en una fuente cerca del lugar. Su pantaloneta y su camisa se habían manchado de ese líquido rojo con olor a muerte.
El diablo había fallecido.
Leonardo no entendía por qué se lo llevaban en una patrulla. Había matado al mismísimo demonio. Tenía que hacerlo. Si no el diablo vendría por él. ¿Cómo no iba a asesinarlo cuando tuvo la oportunidad?
Tiempo después Leonardo se enteró de lo que realmente pasó ese 5 de mayo. Ese maldito día en que su cabeza le jugó sucio. No como las veces que vio bichos fosforescentes caminando por su cuerpo o cuando huía corriendo porque un lagarto lo perseguía.
No. Esta vez, las consecuencias de la zancadilla que le hizo su mente fueron irreparables. Agotadoramente dolorosas.
Lo recuerda día tras día. La culpa lo carcome por dentro. Le echa en cara que su esquizofrenia, su paranoia y su farmacodependencia esa vez fueron demasiado lejos.
El diablo que mató Leonardo no era el diablo. Era, irónicamente, una de las personas que más lo quiso en vida. El diablo que mató Leonardo se llamaba Carlos y tenía 85 años.
Carlos era su abuelo. (La Nación, 2017)
Al igual Leonardo, existen muchos casos mas es por ello que en este
último tema hablaremos de los trastornos mentales y como llevan a las personas
a cometer algún tipo de delito debido a la enfermedad a la que se enfrentan, en
nuestro país contamos con una institución especializada en el tratamiento
psicológico de aquellas personas que cometen un injusto penal producto de su
enfermedad, esta institución es el Centro
de Atención para Personas con Enfermedades Mentales en Conflictos con la Ley (Capemcol),
donde estas personas al ser inimputables no reciben la pena de cárcel si no que
son internados en este centro y quedan en libertad hasta encontrarse en la
capacidad mental de regresar a la sociedad y un juez de la orden para su
libertad.
Nuevamente
la adicción vuelve a ser participe, varios de los casos que se registran en
esta institución se deben a las trastornos que produce la farmacodependencia en
los individuos y es lo que los lleva a cometer dicho acto que en otro momento
de su vida no abrían realizado. El Capemcol de acuerdo a una nota del periódico La Nación (2017) alberga a
114 hombres en conflicto con la ley, algunos de los delitos cometidos por estar
personas son: incumplimiento de medidas en su mayoría y los más graves Agresión
con arma, abuso sexual, Homicidio calificado, robo, violación, entre otros.
Estas
personas de igual forma deben recibir la atención necesaria que les ayude a
mejorar su calidad de vida y logren regresar con sus familias y reintegrarse a
la sociedad.
Pero, ¿Se aplica una correcta política de reinserción a la sociedad a los internos del Capemcol?
Podríamos decir
que no, lamentablemente estas personas son vistas como locos y delincuentes,
así lo menciona el director de esta institución, actualmente no se cuenta con
los recursos necesarios que les dé a estos internos la capacidad de adaptarse a
su enfermedad y aprender a convivir con la misma en los casos que es posible,
muchos no cuentan tampoco con el apoyo de sus familiares debido al delito que
cometieron lo cual hace aún más difícil su recuperación.
La
infraestructura del centro no es la óptima ya que era una antigua bodega la
cual condicionaron para los internos sin embargo no cuenta con la privacidad
necesaria, ni con los recursos físicos para la atención que necesitan los
internos.
“Hacer que la gente entienda que detrás de esas pijamas celestes y numeradas hay seres humanos no es tarea fácil. Desenvolver tantas capas de prejuicios lleva su tiempo”
Estas
personas son olvidadas y revictimizadas, no reciben el proceso
de reinserción necesario y esto solo agrava su situación además de la
enfermedad que padecen, la carga del crimen que cometieron y el rechazo de sus
familias ya es suficiente castigo, son sin duda una minoría olvidada que sufre
cada día con la esperanza de ser recordados y escuchados.
Al igual que Leonardo muchos jóvenes mas sufren con una enfermedad que les acaba la vida, una adicción que termino con su libertad y una etiqueta social difícil de borrar.
Referencias:
La Nación (2017) Capemcol:
¿rehabilitación psiquiátrica o encierro carcelario? Recuperado de:
https://www.nacion.com/el-pais/salud/capemcol-rehabilitacion-psiquiatrica-o-encierro-carcelario/R4CM6VBEIFB2LIHV36DLHMONFU/story/










